LA UNIVERSIDAD QUE NOS SOÑAMOS: ¿CÓMO DEBE SER LA ELECCIÓN DE RECTORÍA EN LA NACIONAL?

por Daniel Cortés

La elección de rectoría en la Universidad Nacional ha dado de qué hablar en los últimos meses por los pronunciamientos de los organismos judiciales. Más aún con el reciente fallo de tutela en segunda instancia que ordena restituir a Ismael Peña como rector de la Universidad Nacional. Para la comunidad universitaria, el hecho se presenta como una clara violación de la democracia y la autonomía universitarias. Sin embargo, este acto judicial no agota el debate ni resuelve el conflicto ante la constante pregunta ¿Cómo debe ser el nuevo mecanismo de elección de rectoría?

Para los estudiantes, los egresados y los trabajadores de la institución, la elección de Rectoría de la Nacional debe reposar sobre la voluntad de la comunidad universitaria. Para lograrlo, debe incluir a todos los estamentos de forma equitativa y debe ser una decisión de carácter vinculante, no consultiva. Pero además, debe resolver dos inquietudes de fondo para materializar esa democratización: el reclamo por una decisión equitativa entre todas las sedes y la pregunta por los mecanismos de elección, que no se reducen a la votación directa. Vamos por partes:

Foto: Gustavo Torrijos/El Espectador

¿Qué está mal con el mecanismo actual?

El mecanismo actual de elección de rectoría se encuentra reglamentado por varias normas. Por un lado, la Ley 30 de 1992, el Decreto 1210 de 1993 y el Acuerdo 011 de 2005 estipulan que quien designa y nombra la rectoría es el CSU. Por otro lado, el Acuerdo 252 de 2017 y la Resolución 278 de 2011, ambos del CSU, reglamentan tanto el proceso de designación de rectoría como la consulta previa a la comunidad universitaria, respectivamente.

Al analizar estas normas, podemos encontrar la raíz de varios de los problemas actuales. Primero, quien toma la decisión es el CSU, es decir, sólo 8 personas de las cientos de miles que están vinculadas a la universidad. Segundo, la comunidad universitaria sólo participa mediante una consulta no vinculante, la cual no afecta la decisión que tome el CSU, aunque haya quienes digan lo contrario.

Tercero, en esa misma consulta no participan ni lxs trabajadorxs ni lxs profesorxs con vinculación diferente a planta (profesorxs ocasionales); solo profesorxs planta, estudiantes y egresadxs sí tienen derecho a escoger. Cuarto, a cada estamento se le otorga un peso dispar para calcular los resultados de la consulta: lxs profesorxs de planta representan el 60%, mientras lxs estudiantes son la mitad (30%) y lxs egresadxs apenas alcanzan el 10%. El voto de un profe termina siendo el doble de importante que el de un estudiante y 6 veces más importante que el de una persona egresada.

Si bien es cierto que esto es un problema que comparten todas las Instituciones de Educación Superior (IES) a nivel nacional, hay aquellas que han logrado modificar este mecanismo. Los casos de la Universidad de Nariño, la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Distrital muestran que sí es posible que la comunidad universitaria sea quien elija su rectoría. Esto es una invitación a la comunidad universitaria de la Nacional a seguir el mismo camino.

Foto: Observatorio de la Universidad Colombiana

"Los casos de la Universidad de Nariño, la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Distrital muestran que sí es posible que la comunidad universitaria sea quien elija su rectoría. Esto es una invitación a la comunidad universitaria de la Nacional a seguir el mismo camino"

¿Qué es lo que se quiere modificar del mecanismo?

Frente a estas circunstancias, la comunidad universitaria ha logrado formular varias propuestas de cambio. Lo primero, la decisión no puede seguir reposando en sólo 8 personas que participan del CSU. Debe ser una decisión tomada por la comunidad universitaria de manera vinculante, no consultiva. Lo segundo, incluir tanto al estamento de trabajadores como a lxs profesorxs que no son de planta en la votación. Lo tercero, cambiar el peso de los estamentos en la votación para que sea más equitativa. Si bien pueden existir diferencias, no deben ser tan grandes entre sí.

Pese a tener esto claro, aún persisten ciertos debates de fondo que la comunidad universitaria no ha logrado resolver. Por un lado, existe el reclamo por parte de varias sedes, en especial las Sedes de Presencia Nacional (SPN), para hacer más equitativa la elección de rectoría. Una sede como Bogotá, que concentra el 63,32% de la comunidad universitaria, en contraste a una sede como Caribe, que cuenta sólo con un 0,08% de la comunidad universitaria, termina por definir la rectoría por su cuenta. Por eso se busca que las sedes con una mayor cantidad de personas no terminen eclipsando la votación de las más pequeñas.

Además, hay quienes expresan reparos con que la votación sea el único mecanismo de designación de la rectoría, bajo la preocupación de que la elección termine reproduciendo vicios ya identificados en la política electoral. Por ejemplo, la compra de votos, la intromisión de clanes y partidos políticos o que la discusión no gire en torno a los programas y las ideas de quienes se postulen, sino a la visibilidad en redes y el carisma de estas, por mencionar algunos. Proponen la existencia de otros mecanismos que acompañen la votación, como la discusión de la comunidad universitaria o de los cuerpos colegiados.

Foto: Andrés Muñoz/Cambio

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar

Como vimos, hay ciertos consensos sobre el nuevo mecanismo de designación de rectoría que la comunidad universitaria tiene claros. Sin embargo, falta reflexionar sobre algunos reclamos nacidos de la misma que no han sido resueltos. Puede que la solución para estos sea ponderar los porcentajes de las sedes como ocurre con los estamentos. Es decir, que la votación de Bogotá no represente el 63,32% sino la mitad, y que la votación de Caribe crezca más allá del 5%, por poner un ejemplo.

Incluso se pueden establecer otros mecanismos de designación junto a la votación, como la discusión en Claustros y Colegiaturas o Cuerpos Colegiados. Esto al estilo de lo que ya se hace para la construcción del Plan Global de Desarrollo de la Universidad Nacional, cada uno con su propio peso dentro de la designación. Eso sí, dándole prioridad a la votación y deliberación de la comunidad universitaria por encima de los cuerpos colegiados.

Lo cierto es que, ante la imposición de Ismael Peña como rector de la Nacional vía judicial, la comunidad universitaria debe mantenerse firme y en constante movilización para rechazar semejante afrenta ante la autonomía y democracia universitarias. De ahí que se insista en respaldar y fortalecer el proceso constituyente para lograr cambios en la forma en cómo se escoge la rectoría. Porque al rector no lo escoge ni el gobierno ni las altas cortes: ¡Lo escoge la comunidad universitaria!

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